Jamás estuve tan lejos de la ciudad
de todas formas es mejor no regresar
asuntos que acabaron mal
y la traicion a flor de piel
Me equivoque pensando que este era el final
de una vida que aun daba para mas
numeros que no terminaban de cerrar
olor a polvora de ayer
Y me marche lo mas lejos que yo pude imaginar
y mas alla ire perdiendo la memoria hasta llegar
algun lugar y comenzar, y comenzar
El tiempo pasa y molesta recordar
a veces creo que no me gusta pensar
no encuentro cierto analizar
si estuvo bien o estuvo mal
Un bar extraño que nadie quiso pisar
un trago amargo que nadie quiso tomar
la ruta sigue hasta el final
es a donde quiero llegar
miércoles 10 de octubre de 2007
domingo 16 de septiembre de 2007
You can make me dance, sing or anything
La felicidad es un bien escaso. Dura poco y, como el amor, tiene menos proyección que el agua potable. "You can make me dance, sing or anything" es un recordatorio vibrante de esta doble condición precaria del amor y la felicidad. Notablemente, el tema anticipa el lugar que Rod Stewart iba a ocupar en los confines de la música disco a fines de los 70s y comienzos de los 80s en su carrera solista, o sea casi 10 años más tarde, sobre todo con el famoso hit "Do ya think I´m sexy?", con la excepción de que este tema es de verdad, intenso, feliz, masticable y de acción rápida como cualquier buen antiácido. Las razones: el gran aporte de arreglos de Ian McLagan, sección de cuerdas al mejor estilo disco 78, y el inmenso trabajo de guitarra de Ron Wood. Por lo demás, mi felicidad se alquila. Al mejor postor claro.
Debris
1969 fue un año de transformaciones decisivas en la historia del rock, todos lo saben: trágico concierto de los Rolling Stones en Altamont, separación de los Beatles, primer disco de David Bowie, Nashville Skyline, etc etc. Por suerte sucedían también cosas menos altisonantes, como la ida de Steve Marriott de una de las bandas inglesas más hiteras del momento, The Small Faces, que pasaron rápidamente a incorporar a Rod Stewart y Ron Wood y a reinventarse simplemente como The Faces (el resto de la banda: Kenny Jones, futuro The Who y el gran tecladista Ian McLagan, además de Ronnie Lane).
La música de The Faces constituye una de las parábolas más bellas de la historia del rock, amén de la calidad evidente de los músicos que la integraban. Nunca una banda había sonando tan despreocupada, tan incidental a la hora de pegatinar acorde con acorde y soltarse en las interpretaciones. Y por cierto nunca el rock se había preocupado tanto a la hora de hacer grandes baladas, un territorio que en términos generales era bastante más propio del pop en ese momento.
"Debris" vió la luz en 1971 en el segundo disco de The Faces, y posee la particularidad de que es cantado no por el mismísimo Rod Stewart -que hizo historia por sus baladas en Faces-, sino por Ronnie Lane, el bajista de la banda (Rod dobla voces en los estribillos igualmente). Faces anula una de las reglas de oro imaginarias de la industria del rock: las bandas existen para sacar discos. Desde el punto de vista de la grabación operaban exactamente a la inversa: sacaban discos en los instantes de reposo de las giras, que constituían el verdadero sentido de la banda, lo que explica el fervor y el aire dionísiaco de casi todo lo que tienen grabado. Un poco como la famosa frase de Proust: "En los momentos de pasión ideamos nuestras novelas, el reposo de los intervalos las escribe".
La música de The Faces constituye una de las parábolas más bellas de la historia del rock, amén de la calidad evidente de los músicos que la integraban. Nunca una banda había sonando tan despreocupada, tan incidental a la hora de pegatinar acorde con acorde y soltarse en las interpretaciones. Y por cierto nunca el rock se había preocupado tanto a la hora de hacer grandes baladas, un territorio que en términos generales era bastante más propio del pop en ese momento.
"Debris" vió la luz en 1971 en el segundo disco de The Faces, y posee la particularidad de que es cantado no por el mismísimo Rod Stewart -que hizo historia por sus baladas en Faces-, sino por Ronnie Lane, el bajista de la banda (Rod dobla voces en los estribillos igualmente). Faces anula una de las reglas de oro imaginarias de la industria del rock: las bandas existen para sacar discos. Desde el punto de vista de la grabación operaban exactamente a la inversa: sacaban discos en los instantes de reposo de las giras, que constituían el verdadero sentido de la banda, lo que explica el fervor y el aire dionísiaco de casi todo lo que tienen grabado. Un poco como la famosa frase de Proust: "En los momentos de pasión ideamos nuestras novelas, el reposo de los intervalos las escribe".
viernes 24 de agosto de 2007
Heaven or Las Vegas
A manera de homenaje para mis amigos Nico y Ceci, marido y mujer, que acaban de mudarse, y a quienes les escribo desde esta isla personal donde a veces el juego de la marea me hace llegar noticias suyas. "Heaven or Las Vegas" se editó en 1990, cuando Inglaterra, o por lo menos una porción de ella, era "shoegaze" y en las radios y programas de baja categoría -como el de John Peel en ese remoto entonces- pasaban canciones de Kitchens of Distinction, Chapterhouse y Curve, además de Jesus and Mary Chain y los incipientísimos Primal Scream (entre paréntesis, el fondo de cocción sobre el cual se desarrollaron bandas como Pulp y The Verve). El tema en cuestión es un heredero bastante evidente de las canciones de Kate Bush como "Wuthering Heights", pero también de esa rara porción de rock alternativo que en la década del 80 habían inaugurado bandas como Spandau Ballet y Railway Children, con una excepción: la gran Elizabeth Frazer. Me acuerdo exactamente el día que compré este disco. Era domingo y era el mes de julio, y caminé con las manos en los bolsillos, con una lluvia helada y muy fina, hasta una disquería a ver si encontraba algo de la banda. El cielo o Las Vegas.
domingo 19 de agosto de 2007
My valuable hunting knife
Cosas que ellas nunca sabrán acerca de nosotros (la nueva vida: but you don´t know what I go through). Y cosas que, seguro, nosotros nunca sabremos acerca de ellas (la máscara de la felicidad, una flor, una foto con el flequillo corrido, una mano en la bombacha)... Pero por sobre todo: cosas que, ni ellas ni nosotros, sabremos jamás acerca de nosotros mismos.
Guided by voices es una de las grandes bandas de todos los tiempos, tal vez, en el marco de la contracultura americana, más grandes que Pavement, Green Day, Lou Barlow y Ramones (en realidad estoy exagerando pero solamente por una cuestión de diferencias culturales; kovadloff me dijo alguna vez: un gran público no es lo mismo que un público grande, ojo). Los mensajes de las letras de Guided by voices, que son auténticas botellas al mar y que están siempre perfectamente imbricados en las melodías, son tan solapadamente delicados que casi nadie nunca les agarra una metáfora. En "My valuable hunting knife", el desconocimiento mutuo de una pareja imaginable dispara la fantasía de una "nueva vida" bajo la forma de un "valioso chuchillo de caza" (¿la vida según la pasión en un hipotético opuesto a la vida conyugal?), que tal vez a alguno le recuerde el "A new carrier in a new town" de David Bowie. El "valioso cuchillo de caza" en cuestión (la pasión por la verdadera vida, o la verdadera vida según la pasión) es la vida a la cual se aspira en forma imaginaria, pero ni ella ni nosotos comprenderemos jamás qué escogemos o, para resumir, de qué hablamos cuando hablamos de amor; esa conversación con ella (with you) acerca de nuestra verdadera pasión que ella parece aprobar sin entender demasiado. Por eso no es casual que Robert Pollard cierre la canción cantando con un fondo de guitarras: "I´ll never know, i´ ll never know".
Guided by voices es una de las grandes bandas de todos los tiempos, tal vez, en el marco de la contracultura americana, más grandes que Pavement, Green Day, Lou Barlow y Ramones (en realidad estoy exagerando pero solamente por una cuestión de diferencias culturales; kovadloff me dijo alguna vez: un gran público no es lo mismo que un público grande, ojo). Los mensajes de las letras de Guided by voices, que son auténticas botellas al mar y que están siempre perfectamente imbricados en las melodías, son tan solapadamente delicados que casi nadie nunca les agarra una metáfora. En "My valuable hunting knife", el desconocimiento mutuo de una pareja imaginable dispara la fantasía de una "nueva vida" bajo la forma de un "valioso chuchillo de caza" (¿la vida según la pasión en un hipotético opuesto a la vida conyugal?), que tal vez a alguno le recuerde el "A new carrier in a new town" de David Bowie. El "valioso cuchillo de caza" en cuestión (la pasión por la verdadera vida, o la verdadera vida según la pasión) es la vida a la cual se aspira en forma imaginaria, pero ni ella ni nosotos comprenderemos jamás qué escogemos o, para resumir, de qué hablamos cuando hablamos de amor; esa conversación con ella (with you) acerca de nuestra verdadera pasión que ella parece aprobar sin entender demasiado. Por eso no es casual que Robert Pollard cierre la canción cantando con un fondo de guitarras: "I´ll never know, i´ ll never know".
martes 14 de agosto de 2007
Classic girl
"Classic girl" es una de las grandes baladas de Jane´s Addiction (la otra es "Jane says" y no es "una de las grandes baladas...", sino, por razones obvias que no necesariamente tienen que ver con la Velvet Underground, la mejor). Hasta donde me acuerdo, escuché por primera vez este tema en medio de confusos episodios en 1991, cuando Jane´s Addiction era por sobre todas las cosas una banda que gozaba de su apogeo al mismo tiempo que se disolvía, y Guns N´Roses tomaba el mundo por asalto con "Use your illusion", un disco doble, o mejor dicho un disco en dos tomas, del que seguro me voy a ocupar más adelante. En ese entonces todo era distinto y haría falta que hablase de muchos discos y muchas cosas para explicar esa diferencia. Por ejemplo, las mujeres usaban jeans decolorados y rotos, y estaba bien (en ciertos ámbitos) usar una bandana en la cabeza. Todos teníamos, o por lo menos sabíamos qué era "Apetitte for destruction" o Van Halen. En este contexto, Jane´s Addiction representaba el jardín trasero de la cultura americana: el funk, género prohibido, la influencia multicultural, que en ese momento no tenía onda y estaba peor que mal vista, las prostitutas, el sexo, las drogas, y casi todas las mentiras que las grandes bandas se encargan de poner en marcha para consumo de sus usuarios, mezlcando una parte de verdad con otra parte de mentira, sin que jamás se sepa en cuál de las dos entra la certeza. Las chicas clásicas.
martes 7 de agosto de 2007
Pendulum man
Bark Psychosis es la banda responsable de la existencia del término "post-rock" (un neologismo acuñado por cierto por Simon Reynolds, que sacó el as de la manga en 1992 para definir el disco "Hex" y casi cualquier otra cosa inclasificable que osase ponerse en su camino desde Tortoise a Mogwai) -o, como diría con gran sencillez un amigo mío, del "rock inteligente". La lógica de "Pendulum man" es implacable: un tejido de secuencias y texturas fraseadas puestas en rotación como en una linterna mágica, privilegiando casi siempre la inclusión de instrumentos orgánicos con una importante economía de recursos (un Korg, bajos Fender, sintes, vibráfono, y un mínimo de secuencias que los emparentan con Boards of Canada, Disco Infierno, Brian Eno, y otros tantos cultores del género, incluyendo a Steve Reich y en términos generales a cualquier banda que pensase el estudio de grabación como un instrumento). Anécdota: el jueves pasado estuve una hora en el aeropuerto de Ezeiza esperando la llegada de un vuelo de Barcelona y de golpe me encontré diciéndome cuánto más feliz sería la espera en los aeropuertos si pasaran cosas como Bark Psychosis o Brian Eno. Claro que entonces habría que atenerse a las consecuencias. Hasta el primer minuto "Pendulum man" pone en escena dos notas que imitan el golpe sincrónico y regular de un péndulo: pam-pum, pam-pum, pam-pum, pam-pum, en una inercia que a lo mejor dura mil años o un mintuo, y que podría prolongarse al infinito o estar en el orígen del mundo. A partir del minuto diez (el halo de un tono en sintetizador), la sincronía se fragmenta y el pulso, como todo lo que se divide, se convierte o irrumpe en el lenguaje: pen-dulum-man, pen-dulum-man, pen-dulum-man, pen-dulum-man. Entonces la melodía, que ya es lenguaje, entra en el tiempo. Hasta que, como el tiempo claro, se pierde.
Bark Psychosis - Pendulum man
Bark Psychosis - Pendulum man
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